Tengo 22 años, soy estudiante de periodismo deportivo y juego videojuegos desde que tengo memoria. Si tuviera que elegir mis tres sagas favoritas, diría: Silent Hill, The Legend of Zelda y Final Fantasy. Soy un amante de los JRPGs y los Survival Horror. Leer más »
Email: gfcr_periodista@outlook.comDesarrollado y distribuido por TomorrowHead Studio, llega Will: Follow the Light, una propuesta que busca sumergirnos en una atmósfera nórdica tan helada como melancólica. En la industria actual, los walking simulators parecen estar divididos en dos grandes vertientes: el paseo contemplativo puramente narrativo y la aventura gráfica cargada de acertijos. Will: Follow the Light, por su parte, intenta caminar por la cuerda floja entre ambos mundos. Esta aventura busca ser una carta de presentación de lo que el estudio puede lograr al recrear la belleza del océano. Sin embargo, en ese viaje entre lo emocional y la resolución de puzles, el juego nos termina dejando una lección de vida.
Desde el primer momento en que nos azota la tormenta a bordo del barco, el juego nos deja claro que la naturaleza manda. El inicio es directo: la lluvia borra el horizonte, el viento sacude la pantalla y solo intentamos sobrevivir. Es un arranque que confía en su diseño sonoro para atraparnos, generando una tensión e incomodidad extra en el jugador desde el primer minuto.
En este sentido, es inevitable trazar paralelismos entre la sensación de libertad que te otorga este título a la hora de zarpar y la filosofía de diseño que Nintendo imprimió en juegos como Zelda: The Wind Waker. Al igual que en aquella obra, el océano en Will: Follow the Light es de una escala inmensa y la información explícita sobre cómo avanzar a veces requiere de nuestra propia orientación y lectura de mapas. El escenario es, a la vez, nuestro mayor refugio y nuestra peor amenaza.
Acompañando estas mecánicas, la narrativa ambiental tiene un peso considerable. En lugar de depender exclusivamente de diálogos o cinemáticas tradicionales, el juego prioriza la interpretación del jugador para reconstruir la historia a partir de fragmentos. A esto se le suma una banda sonora original que, tal como señalan sus creadores, cumple una función estructural: mediante la combinación de instrumentos específicos, el sonido define el ritmo interno del viaje, marcando las transiciones entre la calma, la tensión y la revelación.
El juego apuesta por mantenernos ocupados, pero el gran fallo de diseño ocurre cuando genera un bucle de obstáculos constantes. Se siente como sufrir el síndrome de la "Ley de Murphy", donde todo lo que puede salir mal, sale mal: vas a abrir una puerta y justo se corta la luz; vas a arreglar los fusibles y resulta que le falta combustible al generador, y así sucesivamente. Esta concatenación de hechos termina sintiéndose sumamente forzada (sobre todo, en los primeros compases de la aventura).
A pesar de estas asperezas técnicas, el enfoque de TomorrowHead Studio destaca por su claro interés en la construcción de atmósferas realistas y experiencias narrativas complejas: la búsqueda de su hijo actúa como detonante, pero la experiencia sugiere una trama progresiva que introduce preguntas sobre la esposa y el pasado del protagonista. De esta forma, la aventura se apoya en una ambigüedad constante donde cada respuesta genera nuevas preguntas, llevando a cuestionarnos si el verdadero conflicto no es más que la reconstrucción de la propia identidad del mismísimo Will.
Es un juego de aventuras que busca trascender los límites del género. Su trama de escapismo se inspira en el juego Firewatch, mientras que los gráficos y la atmósfera están influenciados por Alan Wake. WILL: Follow The Light presenta una mecánica de juego inusual pero intuitiva, con un fascinante telón de fondo de épicos paisajes del norte. Te encontrarás navegando entre islas remotas y aguas inexploradas.
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